Algunos de los podcast más escuchados en España también son de los más vistos. Y, aun así, seguimos hablando de ellos como si fueran solo audio.
Eso ya nos da una pista de lo que está pasando.
Desde dentro de la industria —hablando con estudios, marcas, hosts y equipos de producción— se nota que el auge del videopodcast no ha sido un simple cambio de formato. Más bien, ha sido una respuesta natural a cómo descubrimos contenido hoy.
El podcast ya no vive solo en las apps de audio
Durante años, el recorrido era claro: publicas en plataformas de audio, alguien te encuentra, se suscribe y vuelve. Ahora el camino es más amplio.
Por ejemplo, The Wild Project, de Jordi Wild, supera los siete millones de suscriptores en YouTube, y muchos episodios rebasan el millón de visualizaciones. Eso no es solo consumo de fondo; es gente que decide sentarse y mirar conversaciones largas.
Algo parecido ocurrió con Estirando el Chicle. Nació como podcast, pero el salto al escenario, el video y los clips en redes multiplicaron su alcance. El episodio completo alimenta piezas cortas que circulan por todas partes.
No es una regla fija, pero se observa bastante: el audio refuerza la relación, mientras el video amplía el alcance inicial.
Audio vs. video
En los videopodcast bien producidos, todo se entiende solo con audio. Por eso, mucha gente los consume como escucha “normal”: los pone mientras cocina, camina o trabaja. Y funciona, porque el guion implícito —el orden, las referencias, la manera de describir— está pensado para que no te pierdas nada si no miras.
Ahora bien, cuando el video está ahí, te permite un extra de entretenimiento: gestos, cambios de cámara, acercamientos. No porque falte información en el audio, sino porque la imagen suma textura. Y eso, a veces, te ayuda a recordar mejor a un invitado o a sentir más cerca una conversación.
El audio, en cambio, tiene su propio superpoder: te deja llevarte el contenido a cualquier sitio sin pedirte atención visual. Además, te permite escuchar “por capas”: una vez por compañía, otra por ideas, otra por detalles.
El equilibrio cuando el video lidera
Ahora bien, también estamos viendo otra tendencia. Algunos proyectos nacen pensados ante todo como video. En esos casos, a veces se olvida esa regla básica: que todo debe funcionar en audio.
Entonces aparecen frases como “mira esto”, referencias a algo que solo se ve en pantalla, o gestos que no se describen. El resultado es que quien solo escucha pierde contexto. No es un problema del formato, sino de enfoque.
Guiones de podcast diseñados para clips
A la vez, muchos podcast actuales se planifican con otra idea en mente: los fragmentos cortos. Se buscan respuestas claras, frases con fuerza, momentos que puedan vivir de forma independiente en Shorts, Reels o TikTok.
Esa lógica ayuda mucho a la visibilidad. Cada clip se convierte en una puerta de entrada al episodio completo. El contenido largo alimenta al corto, y el corto devuelve audiencia al largo.
Cómo se adapta el trabajo creativo al nuevo formato
Estas dos dinámicas —video como prioridad en algunos casos y guiones pensados para clips— están transformando el trabajo detrás de un podcast.
Ya no basta con grabar una buena conversación y publicarla. Ahora se piensa en capas:
primero, que el episodio funcione perfecto en audio; segundo, que visualmente tenga coherencia y presencia; y tercero, que incluya momentos recortables sin perder sentido.
En la práctica, casi es un doble guion: uno continuo, para quien escucha el episodio entero, y otro fragmentado, para quien llega a través de piezas sueltas. Y ahí es donde se nota de verdad que el videopodcast no es solo “poner cámaras”, sino replantear cómo se construye el contenido.
El papel de los algoritmos
Aquí entra otro factor importante. Plataformas como YouTube valoran el tiempo de visualización y la retención. Las conversaciones largas, bien estructuradas, encajan muy bien en ese modelo.
Un caso interesante es Vidas Contadas. Es un podcast de entrevistas, muy apoyado en historias personales, que en formato video gana una dimensión distinta. Las pausas, la emoción en la cara del invitado, la forma de mirar cuando recuerdan algo importante… todo eso acompaña a la voz sin reemplazarla. Algunos fragmentos donde el invitado comparte una experiencia potente funcionan muy bien como clips y alcanzan cientos de miles de visualizaciones en entornos sociales y YouTube. A partir de ahí, parte de esa audiencia termina buscando la conversación completa. El momento breve despierta interés; la charla larga es la que construye la relación.
En la práctica, esto implica que ya no basta con “grabar un episodio y publicarlo”. Ahora el contenido suele pensarse con un doble objetivo: que funcione perfectamente en audio y que contenga momentos que puedan circular como clips cortos para atraer nuevas audiencias.
De esta forma, el clip corto actúa como puerta de entrada, mientras que el episodio largo consolida la relación.
Cómo cambia la sensación de cercanía
A veces se dice que el video hace que todo sea más artificial. Puede ocurrir, pero no es una regla.
Detrás de estos espacios suele haber decisiones de diseño conversacional, aunque no siempre se noten: iluminación cálida, cámaras a la altura de los ojos, un entorno cuidado pero sencillo. Con eso, la sensación de rodaje se reduce mucho.
En espacios como Vidas contadas, que acabamos de mencionar, por ejemplo, la realización es sobria y la conversación tiene tiempo para respirar. Después de unos minutos, la cámara deja de sentirse protagonista.
Al final, la cercanía depende más de cómo se conduce la charla que de si hay una lente delante.
Tendencias globales en videopodcast
Si abrimos un poco el plano, se entiende mejor por qué el videopodcast ha crecido tanto. No es solo una decisión creativa. También es una cuestión de plataformas. Ahora mismo, YouTube y Spotify compiten por convertirse en el lugar principal donde la gente consume podcast. Y cada uno juega a su manera.
Por un lado, en YouTube el podcast ya forma parte de su ecosistema. En febrero de 2025 habló de más de 1.000 millones de usuarios mensuales consumiendo este tipo de contenido. Además, estudios como el de Edison Research mostraban en 2024 que un porcentaje muy alto de oyentes semanales elegía YouTube como su plataforma principal para podcast, por delante de Spotify (es decir, no solo se descubren ahí los podcasts, sino que el oyente también se queda). En este contexto, tiene sentido que muchos creadores piensen en cámara, ritmo visual y retención desde un primer momento.
Spotify, por su parte, ha reforzado el video desde el producto. Ha mejorado funciones para videopodcast y ha insistido en facilitar que los creadores crezcan y moneticen dentro de la propia plataforma. También ha aumentado mucho el volumen: en poco más de un año pasó de unos 250.000 videopodcast a cerca de 500.000, y cientos de millones de usuarios ya habían visto este formato allí.
Y aquí entra un tercer actor. Netflix también ha empezado a moverse en esta dirección. A finales de 2025 cerró acuerdos para incorporar videopodcast con figuras conocidas, procedentes de redes como The Ringer o iHeartMedia, con títulos de cultura pop, deporte o comedia. La idea es integrar este tipo de contenido conversacional, muy apoyado en personalidad, dentro del entorno de streaming (un paso interesante, porque acerca aún más el podcast al terreno del “programa” audiovisual).
Todo esto está influyendo de forma clara en cómo se escriben y producen los podcast. El guion ya no se plantea solo para una escucha lineal, sino pensando en varios entornos donde el contenido puede vivir: plataformas de audio, espacios de video y fragmentos que circulan por redes. La idea es que el episodio funcione completo, pero también que algunos momentos puedan viajar por su cuenta y atraer a nuevas personas.
Por eso, incluso proyectos pequeños empiezan a cuidar lo visual, aunque sea con setups sencillos.
Si miramos el panorama en España, esta evolución ya forma parte del día a día del sector. El video se ha convertido en una puerta de entrada muy eficaz para ampliar el alcance.
Más que competir, ambos lenguajes están aprendiendo a convivir. Y esa convivencia es, probablemente, una de las claves del momento actual del podcast.
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